La historia de Marina.

Tuve muchos sentimientos al leer esta historia. Marina no leyó el blog y creo que tampoco sabe de que se trata, pero cayó en la sección de "Leonas cuentan sus historias" y quiso compartir la suya.

No le cuesta quedar embarazada, en lo absoluto. El problema de Marina es la trombofolia porque no lograba mantener el embarazo aunque tuvo un hijo y embarazo sano y normal a los 21 años. Y si bien sí perdió muchos embarazos consiguió dar a luz a su segundo hijo sin medicamentos (solo al final del embarazo) y se apoyó en la Iglesia Evangélica y su relación y fe con Dios como único apoyo.

Si, podría haber salido todo mal de nuevo, pero no. Salió bien.

Ella quiso contar su historia de la lucha con la trombofolia y lo hace de esta manera:


Hola Maru! Mi nombre es Marina, tengo 27 años y vivo en Bariloche. Antes de comenzar mi relato te cuento un poco a cerca de mi. Trabajo en la administración de un Transporte Público. Estoy casada hace 5 años y tengo dos hermosos hijos. Lo que mas me gusta es dormir, descansar, estar en familia. Aunque tengo que hacerlo todos los días, odio cocinar!.

Estoy tan entusiasmada de contar mi experiencia que me tiemblan las manos. De casualidad buscando mujeres con trombofilia, encontré este blog y leí un testimonio de Paula. Me sentí tan identificada y entusiasmada por contar que si se puede!!! Seguramente haya mas testimonios parecidos, pero no podía leerlos, tenía que contarles mi historia...

A los 21 años me casé y a los 22 tuve mi primer hijo Lucca. Un embarazo super normal. Lo único, tuve colestasis (un problema del hígado que hace que te pique todo el cuerpo, en especial las manos y los pies). Cuando Lu cumplió un añito volví a quedar embarazada. Estaba contenta pero a la vez asustada porque mi chiquito todavía tomaba la teta y usaba pañales. A las 20 semanas en una eco nos dicen que va a ser nena, que alegría!!. A las 21 semanas no estaba sintiendo sus movimientos y decidí ir al médico. Mi bebé había fallecido. Fue tremenda esa noticia.. Me internaron ese mismo día y trataron de que tenga un parto natural. La verdad que me costaba hacer pujos. No podía dejar de pensar que despues de eso saldría mi bebé sin vida. Ya no quería hacer mas fuerza. Así que me hicieron un legrado o raspado. Me hicieron análisis de sangre y un estudio al feto. Todo coincidía que tenía trombofilia (coagulación de la sangre). El tratamiento es la aplicación de inyecciones en la panza todos los días, a lo largo del embarazo.

Luego de eso mi vida cambió. Empecé a tenerle miedo a todo. Pensaba que me iba a morir todo el tiempo, y tenía miedo de perder a mi hijo. Era lógico que tuviera esos sentimientos, ya que había perdido algo muy mío. Un par de meses despues ya podía buscar un embarazo. Mi marido no quería saber nada, no quería volver a pasar por eso nunca mas. Yo en cambio, quería a toda costa embarazarme. Todos los meses me hacía test de embarazos desde una semana antes que me indispusiera... negativos!! Estaba totalmente obsesionada. Sabía mis fechas de ovulación, así que trataba de quedar embarazada. Hasta que dos años despues el test dió positivo. Empecé con las inyecciones y a las 8 semanas me desperté a la mañana y sentí que no estaba embarazada. Fui al médico, con la esperanza que me dijera que estaba todo en orden y que era mi cabeza la que me estaba jugando una mala pasada. Pero no. Nuevamente perdí el embarazo. La trombofilia, tiene la particularidad de coagular la sangre en cualquier parte del cuerpo. Durante el embarazo tapa el cordón umbilical, y no deja pasar nutrientes ni oxígeno. Ni bien quedas embarazada podes perderlo enseguida. Luego a las 21 semanas puede perderse por muerte súbita. Despues puede haber retardo del crecimiento y a partir de las 37 semanas muerte súbita de nuevo. En esta pérdida me pusieron unas pastillas abortivas en el cuello del útero (las cuales dolían) y terminaba con la expulsión del feto en mi casa. O al menos esa era la idea. Como a la semana no salió me volvieron a hacer raspado. Lo único que recuerdo gracioso de ese momento fue que al salir del quirófano, todavía con anestesia, empecé a decir pavadas. Mi marido me contó que cuando entré a la habitación (compartida) le dije en voz alta que el enfermero me tuvo que sacar la bombacha. Que verguenza.

Con cada pérdida tenía que hacerme análisis de sangre de todo tipo. Ademas cada vez que quedaba embarazada era ir al médico todas la semanas, a la obra social para que me cubrieran las inyecciones (ya que son carísimas, la caja de 10 $1300), ponerme óvulos de progesterona, tomar ácido fólico y aspirinetas. Un cansancio físico y mental, el cual estaba preparada para afrontar si eso daba como resultado UN HIJO!! A los 3 meses volví a quedar embarazada. Lo perdí a las 6 semanas. Muy rápido. Con pérdidas.

A todo esto le sumaba ese miedo que sentía constante. Hasta que un día me hablaron de los milagros, de la fe en Dios y en Jesus. Mi religión hasta el momento era saber que Dios existía, pero nada más. Ya me estaba volviendo insoportable. Tenía peleas frecuentes con mi marido y cero paciencia con mi hijo. Fui a una iglesia, distinta a las que había ido alguna vez, en la ciudad de General Roca (allí viven mis suegros). La pastora de esa iglesia me dijo (sin conocerme) que tenía que olvidar mi pasado, que la enfermedad que yo HABÍA (tiempo pasado) tenido, iba a servir de ayuda para otras mujeres con mi mismo problema. Pero que estuviera tranquila, que ya no estaba enferma. Estaba tan convencida de esas palabras, que se lo conté a mi marido y juntos tomamos la determinación de buscar otro embarazo, sin tratamiento, sin inyecciones. Sólo con fe. Nada de santos. Creer en la palabra de Dios, nuestro salvador.

Al mes quedé embarazada. En la primera visita a mi obstetra, le comenté de mi decisión. No la tomó de la mejor manera. Y me dijo los riesgos que tenía. De todas maneras él si calificaba mi embarazo como de alto riesgo.

Quien diría que mi tratamiento sería leer la biblia para no bajar los brazos, orar día y noche e ir al Culto los domingos. Durante 30 semanas Ciro crecía en mi panza en perfectas condiciones. Tenía visitas periódicas de control y ecografías. Mi doctor un verdadero Obstetra! Siempre preocupado y viendo lo mejor para mi. En la eco de las 30 semanas, el bebé no había crecido lo "reglamentario". Es decir, mi médico me dijo, si fuese un embarazo normal no te digo nada, pero con tu historial, vamos a empezar con las inyecciones y las aspirinetas. Estaba trabajando mucho, muy cansada, y ya tenía contracciones. El cuerpo me estaba pidiendo que bajara algunos cambios. De esa manera comencé con el tratamiento y con la licencia un mes antes de lo previsto. Tranquila en casa sin hacer fuerza, iba a estar mejor. Yo sabía que quien me había ayudado todos esos meses y quien iba a seguir haciéndolo no era el tratamiento sino Dios. Uno no sabe de que manera ÉL nos ayuda. Y esta era la manera. Ciro nació a las 37 semanas con 2870 por cesárea. Entender que debía estar en paz conmigo misma, encontrar mi felicidad y comenzar a VIVIR, es lo que aprendí. Conectarme con mi familia y compartir con ellos esta etapa, que mi marido y mi hijo me cuidaran, fue lo mejor que me pasó.

Ahora con 5 meses, está en su cochecito al lado mío jugando con sus pies, y nosotros mas felices que nunca.

Este es mi testimonio, y espero poder ayudar a muchas mujeres. Me parece genial este blog, para que las parejas que esten buscando un embarazo no pierdan las esperanzas. Cuando uno necesita respuestas se refugia en estos foros para seguir adelante. Es hermoso lo que hacen!!! Si me decían que saltara en un pie durante todo el embarazo para que mi hijo naciera sano y salvo, lo hubiera hecho. Pero fue mas sencillo. Chicas, los milagros existen!!! y yo tengo el mío en casa. Les mando mil abrazos, mucha fuerza, bendiciones y ojalá puedan tener esa fe que se necesita para lograr lo que quieran. Saludos Marina


Maru - Que me Parta un Milagro
Comprtilo Comprtir en Facebook

1 comentario:

  1. Por favor me podrian decir cual es el mejor hematólogo en Bariloche que atienda problemas de Traombofilia??

    ResponderEliminar

¡Dejame tu mensaje!.